El Alzheimer, un problema global

En el día internacional del Alzheimer los especialistas alertan de que el 80% de las personas que padecen la enfermedad en grado leve no son conscientes de ello debido a que al principio puede pasar desapercibida para el afectad@ y su familia. Otras muchas personas que atraviesan la enfermedad se sienten incapaces de pedir ayuda o no son conscientes del tipo de ayuda que necesitan.

Probablemente en el año 2020 habrá en el planeta unos 1.000 millones de personas mayores de 60 años y parece claro que, a medida que la población envejezca la incidencia de la  enfermedad de Alzheimer, y otras demencias, aumentará proporcionalmente. Todos ellos sufrirán un progresivo deterioro de su función mental, hasta el punto de que no serán capaces de cuidar de sí mismos y dependerán por completo de los demás para su atención, higiene personal, alimentación y asistencia médica.

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa, que lenta y progresivamente destruye las células del cerebro., afectando a la memoria y al funcionamiento mental (ej. Pensar, hablar…), además de confusión, cambios de humor y desorientación en tiempo y espacio.
Al principio los síntomas de la dificultad de memoria y pérdida de habilidades intelectuales son tan leves que ni se detectan, pero al progresar la enfermedad los síntomas se vuelven  cada vez más apreciables comenzando éstos a interferir en la vida diaria.

La enfermedad de Alzheimer no es infecciosa ni contagiosa y además no suele ser hereditaria. El tratamiento del Alzheimer no existe como tal pero sí es necesario trasmitir y sensibilizar a la población sobre cómo actuar para que la vida de los afectados por el Alzheimer sea de la mayor calidad posible, sabiendo tocar las teclas adecuadas para ello a raíz de las principales áreas afectadas: las emociones, la autonomía, y el desarrollo personal y familiar.

Estas son las principales actuaciones a llevar a cabo ante las reacciones personales tras el conocimiento de la enfermedad así como los mecanismos de adaptación necesarios que han ponerse en  marcha ante la misma:
–          Actuación ante la pérdida de memoria.
–          Actuación ante la desorientación y la confusión.
–          Actuación ante frente al deterioro de la comunicación verbal.
–          Actuación ante frente a las dificultades de deglución.
–          Actuación ante la incontinencia urinaria.
–          Actuación frente a los trastornos del sueño.
–          Actuación frente al déficit del autocuidado (vestido, lavado, etc.).
–          Actuación frente a la problemática familiar.

Es fundamental una buena comunicación entre paciente y cuidador (atención y escucha activa), así como mantener un continuo proceso de enseñanza-aprendizaje de actividades relacionadas con la vida diaria.

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